SOCIEDAD
10/02/2025
La travesía del viajero argentino por la selva para llegar a la Ciudad Perdida, el “Machu Picchu” colombiano
Fuente: telam
Andrés Salvatori recorrió la Sierra Nevada hasta encontrar el lugar que era habitado por los indios Tayrona. Cómo fue el trayecto de tres días y la llegada al sitio, recién redescubierto en 1977
El trayecto nos muestra una pendiente que alterna tramos suaves con otros pronunciados, con frecuentes descansos donde Carlos nos explica acerca de la naturaleza del lugar y de los indígenas que lo habitan, algunos de los cuales divisamos y con los que intercambiamos unas pocas palabras. El sendero es angosto y en la primera parte nos sorprende al cruzarnos con algunas motos que nos obligan a apartarnos a un lado en su tarea de transportar a turistas a los que les cuesta movilizarse, o burros, que cumplen la misma función con la gente, además de otra adicional: acarrear la mercadería hacia las zonas altas más alejadas, en donde los vehículos de dos ruedas ya no tienen acceso. En el camino comemos sandías, conocidas por los lugareños como patillas, bananas, guamas machetonas, una especie de nutritivas semillas, a la vez que descubrimos granos de café, tan característicos de la región, e incontables plantas de marihuana, con sus flores desbordantes de amarillo, cultivadas por los residentes del lugar.
La tercera jornada también exige que madruguemos, levantándonos aún de noche, a las cinco de la mañana, con el objetivo de llegar a la Ciudad Perdida con las primeras luces y poder obtener las imágenes del sitio despejadas de turistas. Cruzamos un río que no transporta mucha agua y comenzamos a ascender por el tramo final: 1200 escalones tallados en la piedra que nos depositan en la puerta del Parque Nacional de Sierra Nevada, escala en donde verifican nuestra documentación e inclusive en donde nos dan un pasaporte casero que certifica nuestra presencia en la zona.
Llegamos hasta la parte más alta, punto desde el cual disfrutamos de una increíble vista de todo el entorno de la Sierra Nevada, matizada con los centenarios restos arqueológicos de las construcciones tayronas. Terrazas, muros, plataformas, centros ceremoniales, construcciones para almacenamiento, desciframos cada rastro de la presencia humana a través de los siglos, con el desbordante verde que enmarca su alejada ubicación de la zona costera y de los modernos sitios urbanos. Nos sentamos bien en lo alto y permanecemos en silencio. No hacen falta las palabras. El silencio que nos rodea parece tener mucho por decir.
Fuente: telam