CULTURA
06/10/2026
Muertos, inundaciones y cosas raras: la infancia que Silvana Vogt convirtió en literatura
Fuente: Netfan Servicios
Ganadora del Premio Finestres de Narrativa en castellano, la novela "El fino arte de crear monstruos" narra la vida de una niña que vive en un pueblo, donde el humor negro y la imaginación transforman una realidad atravesada por pérdidas y acontecimientos extraños
Contar historias es una forma de habitar el mundo. Pero antes de poder escribirlas hay que aprender a mirar y descubrir lo extraño en aquello que los demás consideran normal. Y algo de eso hay en Vidria, el personaje principal de El fino arte de crear monstruos (Eterna Cadencia, 2026) que, en primera persona y sin filtros, cuenta su infancia en un pueblo cordobés llamado Morteros.
Ataúdes que flotan, paracaidistas cuyos paracaídas no se abren, vacas apocalípticas, niñas mutantes, milanesas cadavéricas y una sala de cine que desaparece dentro de un tornado con sus treinta y tres espectadores. Entonces, aquello que podría provocar miedo encuentra una salida narrativa encantadora y envolvente. Con mano maestra, la escritora Silvana Vogt logra que la protagonista, ¿su alter ego?, haga un relato minucioso de sus vivencias y aventuras y que nosotros la adoremos y queramos saber más.
No importa si nos habla de muertos (que le fascinan) o de hechos desopilantes o dramáticos. Vogt o Vidria hacen literatura: regresan a los hechos, los reconfiguran y les encuentran nuevas versiones. Hay bastante de poesía en la pluma de la autora cordobesa y es tan encantadora y tierna su forma de contar los hechos más terribles, que casi roza lo fantástico o lo inverosímil.
"Morteros se inundaba con facilidad y sin causas. (…) los campos se llenaban de agua y Morteros se transformaba en un pueblo flotante. Flotaban las vacas, flotaban los coches, flotaban los perros y las bicicletas, flotaban los maceteros, los bancos de la plaza, las barreras del ferrocarril y el escenario del Tiro. Un año, también flotaron los muertos. (…) flotaron noventa ataúdes".
Así empieza la novela que presenta un pueblo de la provincia de Córdoba como un territorio donde lo inusual forma parte de la vida cotidiana. Sin embargo, el corazón del texto no está allí, en esas calamidades, sino en la mirada de la criatura que las observa y las vuelve otra cosa, mucho más bella e irresistible.
Creo que el libro de Vogt es una obra sobre el arte de mirar. Vidria crece rodeada de acontecimientos que, desde la perspectiva adulta, podrían resultar traumáticos o incomprensibles. Pero ella los procesa de tal modo que los convierte en relatos imperdibles. En su universo infantil, los muertos son más interesantes y divertidos que los vivos. Así, la muerte pierde solemnidad y entra en una vida cotidiana donde lo grotesco y lo tierno conviven en dulce armonía.
"El chueco Prini (…) quitó el velo que cubría el cuerpo de la Loca y todos se espantaron al ver la cara de consternación del cadáver. Algunos hombres gritaron, otros se persignaron, alguien con más criterio le tomó el pulso, intentó masajearle el corazón, le dio una cachetada en la mejilla y después de unos minutos de locura, con el cuerpo todavía caliente, la volvieron a enterrar. (…) Murió intentando avisar que no estaba muerta. (…) Pocas personas fueron capaces de sostener, durante algunos años, que a la Loca Fossaroli la habían enterrado viva (…)".
Publicada originalmente en España por H&O (2025) y editada en la Argentina por Eterna Cadencia, la ficción obtuvo el Premio Finestres de Narrativa en Castellano 2026. El jurado destacó "la singularidad de una obra que se desplaza entre la realidad de Morteros y la imaginación desbordante de su protagonista." Y tiene razón.
Hay pérdidas, dolor y escenas perturbadoras, pero nada de eso reviste demasiada gravedad. Pasa que, la imaginación de Vidria le quita peso a lo que sucede y le encuentra una vuelta poética allí donde los mayores sólo ven horror. Por eso digo que, El fino arte de crear monstruos también podría leerse como una propuesta de formación literaria. Es que esa nena, que no es otra que la misma Vogt pero chiquita, aprende a mirar antes de aprender a escribir. Descubre lo raro en aquello que los demás ven como normal. Entiende que una inundación puede ser una tragedia, pero también puede ser un escenario o que un muerto puede ser una presencia escalofriante, pero también un personaje. En síntesis: Morteros deja de ser un lugar en el mapa para convertirse en un territorio imaginario con leyes propias.
La prosa de Silvana Vogt es muy visual y las imágenes aparecen antes que las explicaciones: las vacas vuelan, una inundación se vuelve mito y el pueblo queda suspendido en un limbo entre realidad y delirio. La combinación de todo eso, más la ternura, el humor negro y la imaginación "desbordada y desbordante" hacen de su estilo algo delicioso.
Como sea, el libro no habla sólo de una niña que cuenta historias. También muestra cómo una futura escritora percibe que mirar es una vía para narrar y que la infancia puede funcionar como el laboratorio donde se ensaya una vocación.
"No me cuentes el mundo sino cuando el mundo se mueva en tu interior. Y te transforme. (…) Escribime solo cuando tengas que contarme lo que no está", le dijo Martín Mattioli, su amigo inseparable cuando Vidria se despidió de él. Así lo hice, y así lo hago ahora y así lo haré siempre." ¿Será entonces que crear monstruos es un método para conjurar miedos: ¿de ponerles un rostro, un nombre y convertirlos en literatura? Y sí, porque los monstruos no se inventan para asustar sino para no morir del susto.
Silvana Vogt nació en Morteros, Provincia de Córdoba, en 1969. Vivió en distintas ciudades argentinas y se instaló en Barcelona en 2002. Estudió Filosofía, Psicología y Producción radiofónica. Antes de esta novela publicó La mecánica de l'aigua, escrita originalmente en catalán. El fino arte de crear monstruos es su segundo libro, obtuvo el Premio Finestres de Narrativa en Castellano 2026 y próximamente será traducida al italiano.
Fuente: Netfan Servicios