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25/05/2026

10 grandes secretos de Plaza San Martín

Fuente: telam

A propósito de la salida del libro "Plaza mágica", el autor revela aspectos desconocidos e historias míticas del emblemático parque de Retiro

Las caras múltiples de Buenos Aires caben en un lugar. La Plaza San Martín, en el barrio de Retiro, refleja en dos manzanas una ciudad que es muchas ciudades. La ciudad católica, la ciudad de los poetas y narradores de historias, la ciudad de la burguesía que quería un París propio, la ciudad de los soñadores como cierto jardinero que terminó arquitecto, la ciudad de los acontecimientos históricos, la ciudad cosmopolita de los huéspedes ilustres, la ciudad de las leyendas, de la historia académica y popular, de los sueños y las muertes. La ciudad del esplendor y la derrota. Las exploro en mi reciente libro Plaza mágica. Biografía de un lugar de Buenos Aires (Adriana Hidalgo editora). A continuación, revelo algunos de los secretos que encierra la Plaza San Martín. En mi libro encontrarán muchos más.

1 - El hombre solo. Durante los años sesenta y setenta, en los bancos de madera verde que entonces se alineaban tras el monumento a San Martín, poco después del mediodía, podía verse a un hombre de pelo gris, muy bien vestido, tipo elegante sport, siempre con la cara hacia el sol. Era el poeta Alberto Girri, solitario y silencioso. �Elaboraba allí sus poemas herméticos, hipnóticos que lo convirtieron en uno de los mayores poetas argentinos? El tostado caribe que lucía todo el año, lo asemejaba a un adicto de cruceros caribeños. No lo era. Quizás su seriedad provenía de una tragedia íntima. La muerte dudosa, seguramente por suicidio, del amor de su vida, la pintora Leonor Vassena.

2 - Una tumba. En los años setenta no había cementerios para mascotas. Cuando murió Bepo, el gato albino de Jorge Luis Borges, además de la tristeza, reinó en el pequeño mundo de Maipú 994, sexto B, un dilema: �qué hacer con Bepo? Esa noche, salió un pequeño cortejo integrado por el portero del edificio munido de una pala, la criada Fanny (Epifania Úveda) y el Señor Borges. Cruzaron la Avenida Santa Fe y en uno los canteros de la Plaza San Martín, frente al Círculo Militar, el encargado, con cuidado para dejar el césped tal como estaba antes del entierro, dio postrer morada a Bepo. La plaza San Martín, que había sido plaza de toros, cuartel, penal, patíbulo y ahora parque, fue también cementerio.

3 - Ciento cuarenta habitaciones. José Ceferino Paz, un militar, estanciero y político, fundador del diario La Prensa en 1869, millonario �y de los más grandes que hubo en el país-se construyó un palacio propio en la esquina de Santa Fe y Maipú. Se lo diseñó un arquitecto francés que nunca estuvo en Argentina, plagiando el frente de Museo del Louvre. Fue en su época -se inauguró en 1910- la mansión particular más grande de América. La familia que iba a habitarla solo tenía cuatro miembros. Su dueño, que era entonces cónsul en Niza, nunca llegó a dormir en ella. El Palacio Paz, en los años treinta, se vendió al Estado que instaló allí el Círculo Militar.

4 - El jardinero que terminó arquitecto. Charles Thays era un jardinero de la alcaldía de París que tenía cierto nombre como paisajista, oficio entonces muy poco conocido. Al intendente de Córdoba, en 1889, se le ocurrió contratarlo para que diseñara el parque Sarmiento. Cuando Thays estaba por volver a París, el intendente de Buenos Aires, Francisco Bollini, le pidió que diseñara una plaza porteña. En estas idas y venidas, Thays se enamoró de una chica uruguaya. Conclusión, se casaron y Thays se quedó para siempre. Lo nombraron Director de Parques y Jardines de Buenos Aires. Tiñó de verde la ciudad, plantando él mismo 150.000 árboles.

Vivía en la casita que aún existe en el Jardín Botánico de Buenos Aires. La Sociedad Central de Arquitectos, poco antes de morir, le otorgó a Carlos Thays el título de arquitecto, a pesar de que no había pasado por aula alguna. Cuando murió, una multitud de porteños acongojados lo acompañaron a la Chacarita. Había diseñado setenta plazas en Buenos Aires, el Parque Central de Santiago de Chile, el Parque Rodó de Montevideo y parques y jardines en muchas ciudades del interior argentino además de jardines en residencia privadas. La Plaza San Martín en su conformaron actual fue diseñada �soñada- por Thays. Era en un proyecto revolucionario porque desde Arenales hasta Libertador, desde Maipú hasta Florida, el terreno estaba edificado.

5 - El hombre que levantó el Buenos Aires moderno. Mariano de Vedia y Mitre fue un jurista, historiador, poeta y traductor de Shakespeare, habitué de las tertulias literarias, amigo de Jorge Luis Borges y de Leopoldo Lugones. Fue el intendente de Buenos Aires entre 1932 y 1938 y como tal, le dio a la ciudad su configuración actual. Ensanchó Corrientes, abrió la avenida Nueve de Julio, levantó el obelisco, inauguró la cancha de River Plate y dejó lista la Bombonera.

Durante su mandato se abrieron los cines Gran Rex y Ópera. Y se empezó a construir la avenida General Paz. El diseño de Thays para la plaza San Martin lo hizo realidad Mariano de Vedia y Mitre expropiando y demoliendo la manzana que se levantaba donde hoy está la barranca, frente a la estación Retiro. Alentó la construcción del Kavanagh como se cuenta más abajo. Todo esto lo hizo con un Concejo Deliberante que lo hostigaba de mil maneras. Los humoristas lo llamaban Guillermo Tell, porque "bajaba manzanas".

6 - Una cárcel. A fines del siglo XVII donde hoy está la plaza San Martín hubo un depósito de esclavos, luego una plaza de toros. Y no era pequeña. Tenía palcos reservados para los notables y llegaban para triunfar algunos de los más diestros matadores de las plazas españolas y mexicanas. Durante las invasiones inglesas, desde el coso (como se llamaba a la plaza) los porteños disparaban contra los invasores. Caía sangre sobre aquellas gradas. En 1813 se prohibió la tauromaquia en la ciudad. El lugar fue reconvertido en cuartel. Allí se entrenaron los granaderos antes de partir para conseguir la independencia.

Luego, fue cárcel y patíbulo. Allí se ejecutó a miembros de la partida que asesinó a Facundo Quiroga en Barranca Yaco. En 1865 se emplazó la estatua ecuestre de José de San Martín realizada en Francia por el escultor Dombal y dividida en piezas, fue transportada en barco y aquí rearmada. Réplicas de esa estatua se alzan en más de cincuenta y siete .ciudades del país y en diecisiete del mundo. Por ejemplo, en el Parque del Oeste de Madrid, en el Central Park de Manhattan y en la Virginia Avenue de Washington.

7 - La mujer que levantó un rascacielos. La hazaña de Cora Kavanagh fue paradójica. Quiso hacer un gran negocio: construir un edificio de renta. En 1933 no había propiedad horizontal. De manera que quien quería vivir en un departamento, tenía que alquilar o si no, comprarse el edificio entero. El Kavanagh se inauguró en 1936, y había cola para alquilar alguno de sus cien departamentos.

Pero en 1943 se congelaron los alquileres y en 1948 se dictó la ley de propiedad horizontal. La renta se depreció porque ya había comenzado la inflación. La mayoría de los inquilinos del Kavanagh compró su unidad. Cora se quedó en el más bello, el legendario noveno piso, de amplia terraza, pero el negocio se le arruinó. En compensación, el edificio se convirtió en un mito y en un emblema urbano. Admirado por urbanistas de todo el mundo, este "eco ampliado de la barranca" como lo llama el arquitecto Mario Sabugo, conformó una imagen que se identificó con la de Buenos Aires, compitiendo con el obelisco como símbolo de la ciudad.

8 - �Anchorena contra Kavanagh? Sostiene un mito urbano que Cora Kavanagh construyó el edificio para vengarse de Mercedes Castellanos de Anchorena, la devota y fastuosa millonaria que habitaba su palacio (hoy Cancillería), quien quería ver a toda hora el templo del Santísimo Sacramento, contacto visual que el Kavanagh impidió. Según dicha leyenda, la Kavanagh lo hizo porque la Anchorena le había robado un novio. Hay también un contramito: dice que esa historia es imposible porque doña Mercedes había muerto en 1920. Lo cual es muy cierto. Pues bien, investigando el asunto, llegué a la conclusión de que el mito es falso, pero no salió de un repollo. Algo de eso hubo, la hazaña edilicia de Cora tuvo un rival de polleras. Pero no Mercedes, sino un hombre, el cardenal Santiago Luis Copelllo, arzobispo de Buenos Aires.

Fue así: en 1934 se hizo en Buenos Aires el Congreso Eucarístico Internacional, el primero que tuvo sede fuera de Europa. Fue un acontecimiento extraordinario al cual acudieron reyes y obispos de todo el mundo, entre ellos monseñor Eugenio Pacelli, entonces el número dos del Vaticano quien poco después sería papa con el nombre de Pío XII. Grandes manifestaciones con antorchas recorrieron Buenos Aires y en la calle la gente tomaba la comunión arrodillada. La iglesia argentina quería que se demoliera la manzana triangular (Florida, San Martín, Charcas (hoy Marcel T. de Alvear) para que la fachada del Santísimo Sacramento luciera sobre la plaza.

El intendente Mariano de Vedia y Mitre sufría fuerte presiones para que no firmara el permiso de obra del rascacielos Kavanagh, cuyo mérito urbanístico no se le escapaba al intendente. El presidente Agustín Justo a su vez no quería perderse el protagonismo del gran evento católico. Encontró don Mariano una solución salomónica: en lo alto de la estructura aun sin revestir del rascacielos, levantó una enorme cruz de cemento de treinta y cinco metros que, iluminada cuando en la noche los barcos se aproximaban a la ciudad, deslumbró a los visitantes, que creían llegar a una ciudad fervorosamente católica. El Congreso fue un triunfo para Copello. Pero en cuanto los invitados se fueron, la gran cruz desapareció.

9 - Estatuas. Hay tres en la plaza. Honran al general José de San Martín, militar libertador, muerto exiliado en Boulogne sur Mer, Francia. A Esteban Echeverría, escritor, muerto exiliado en Colonia, Uruguay. A Leandro Alem, político, muerto suicida en Buenos Aires. Dos exiliados y un suicida. �Casualidad o radiografía?

10 - Escritores fotógrafos, pintores. Manuel Mujica Láinez, Ernesto Sabato, Esther Cross, Arturo Cerretani son algunos de los escritores que situaron en la plaza escenas de sus narraciones. Han cantado a la plaza poetas como Jorge Luis Borges ("Bienhechora y sutil como una lámpara, clara como una frente"), Mario Benedetti ("Lujo del pobre entre los opulentos, galaxia de jubilados y niñeras"), Silvina Ocampo ("He visto, con luces irisadas, que a veces bailan árboles y estatuas contagiadas"), Baldomero Fernández Moreno, ("Detén aquí tus pasaos, caminante, que no hallaras jardín más recoleto/sombra más sabia, viento más discreto ni niebla azul tan elegante").

Héctor Viel Témperley, poeta devoto, un día, al salir del Santísimo Sacramento, tuvo un delirio místico. Se sentó en la barranquita frente al Kavanagh. Era el mismo lugar en que Witold Gombrowicz, otro habitué de la plaza, tuvo una aventura erótica con un marinero. Allí, Viel Témperley vio la cara de Dios en la fachada del rascacielos. A la plaza la pintaron, entre otros, Aniko Szabó, Romulo Macció, Daniel Santoro. No hay fotógrafo que no la haya retratado desde Horacio Coppola y Sameer Makarius hasta Sara Facio y Aldo Sessa.

Fuente: telam

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