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27 de febrero de 2019

Una leyenda de San Martín pelea su último round Mustafa Tafito

“Tiene Alzheimer. Con sus 93 años, se levantaba a entrenar todas las mañanas, porque decía (aún dice) que al día siguiente tiene que pelear en el Luna Park.

Enrique Pfaab periodista chacarero.

Un día, haciendo ejercicios, se cayó y se fracturó cuatro costillas. A raíz de eso se le perforó un pulmón y tuvo neumonía. Los médicos están sorprendidos de su capacidad de recuperación y le han dado el alta. Ahora está en un geriátrico, con atención ambulatoria y cuidados permanentes, pero tienen que cuidarlo porque sigue insistiendo en que debe entrenar, porque debe pelear y cuenta que ayer estuvo con el Mono Gatica”. Ivana Asmar cuenta así el presente de su abuelo, Sebastián Mustafá Asmar que, para San Martín y para todo Mendoza, es Mustafá Tafito, una leyenda del boxeo nativo. A pesar de que su estado de salud se puede considerar delicado, debido a su edad y sus últimos padeceres, el espíritu y el físico del hombre que fue sparring del Mono y amigo de Pascual Pérez y que tiene 260 peleas en su historia, muchas de ellas en el ring del Luna Park, hace que siga ganando la pelea. PUBLICIDAD Amable, humilde, generoso en la charla, Tafito fue entrevistado en algún momento por este periodista en su casa del barrio Jardín. Después del boxeo, se había transformado en colchonero y, aún después de jubilado, los vecinos seguían buscándolo para que ejerciera ese oficio. “Hoy está viviendo nuevamente sus 20 años. Puede repasar su historia de esa época perfectamente, porque la está viviendo nuevamente”, dice su nieta, con la angustia que implica, pero también con la tranquilidad que le da saber que su abuelo ha tenido una vida plena, rodeada del cariño de los suyos y de su pueblo. Gatica, el amigazo La charla con Mustafá Tafito se dio hace unos años, pero hoy se puede repetir idéntica. Salvador Asmar, padre de Mustafá, llegó a Mendoza a principios del siglo XX. Venía del Medio Oriente. Se afincó en el Este y junto con él llegaron otros dos apellidos árabes: Llaver y Morcos. Salvador era ya un hombre grande. Sus descendientes locales suponen que en Arabia dejó esposa e hijos, alguno de los cuales se debe haber llamado Tafito. “Por eso me puso ese apodo”, imaginó Sebastián Mustafá Asmar quien tenía un efímero recuerdo de su padre, quien murió dejando una viuda argentina y cinco hijos chicos. “Yo soy el del medio y el único que sigue vivo”, dijo. El apodo Tafito fue tan poderoso que anuló su apellido y en San Martín muchos conocen a Mustafá Tafito pero nadie sabe indicar donde vive Sebastián Asmar, datos que solo han sido útiles en trámites administrativos y que generaron siempre confusión y desconcierto. “Una vez hice una pelea acá con Rubén Dávila, un sanjuanino que estaba muy bien ubicado en el ránking argentino. Le gané muy bien. Me acuerdo que en la revista El Gráfico salió: Dávila perdió con Tafito, un desconocido”. Es que en Buenos Aires al sanmartiniano lo conocían por su apellido real y lo tenían bien ubicado, después de 230 peleas como amateur, casi 30 como profesional y varios combates de semi fondo en el Luna Park. Fue sparring del Mono Gatica y Pascual Pérez. “Con Pascualito fuimos muy compañeros y el Mono solía pedirle a mi profesor: “Che, prestame el pibe”. Nos estrenábamos juntos los dos. El me pegaba fuerte y yo le daba con todo. Pero éramos amigazos”. Sin embargo los últimos recuerdos que tiene Tafito de estos dos hombres son agrios, aunque él no parece sufrirlos. “El Mono vino un día a pelear a Mendoza. Paró en una bomba de nafta de San Martín. Iba en un auto con tres mujeres. Yo no lo alcancé a ver”, dijo. También su memoria guarda el día en que Pascual Pérez regresaba a la provincia después de consagrarse campeón mundial en Tokio ante Yoshio Shirai el 26 de noviembre de 1954. “Venía en tren y yo fui a la estación, pero había tanta gente que no lo alcancé a ver”. Mientras su padre Salvador vendía chucherías en un carrito y después se montaba un almacén y compraba el primer colectivo que iba a transitar las calles de San Martín, Mustafá comenzaba a boxear en el precario ring de un baldío, cuando tenía apenas 12 años. Después vinieron 230 peleas como amateur por todo el país, “no como ahora, que hacen 10 y ya pelean por el campeonato mundial sin salir de la provincia”. Cuando estaba haciendo el servicio militar en la Marina, en Puerto Belgrano, le tocaron las eliminatorias para los Juegos Olímpicos de Londres. Le tocó combatir con otro mendocino, Cirilo Gil. “Fue una pelea pareja, pero me la dieron por perdida. Después a Cirilo lo operaron de apendicitis y finalmente no fue nadie a las olimpíadas en esa categoría”, se lamentó. Mustafá Tafito (hay que aceptar que así debe llamársele) contaba que “camino todas las mañanas y antes de acostarme hago gimnasia. Mi médico, cada vez que me ve, me dice: No se para que venís si estás mejor que yo”. Durante 55 años, desde que dejó el boxeo, se dedicó a fabricar y restaurar colchones “de esos que duran 20 años”. Los vecinos decían hasta hace dos meses, antes de la internación: “¿Tafito? Vive ahí, pero es difícil que lo encuentre porque siempre está en la calle haciendo cosas”. “En algún lado de la casa hay una valija llena de recortes y también está la bata que usaba. Los guantes, las botas y el pantalón los presté y no me los devolvieron más”. Y recordaba: “Un día llegué al Luna y me encontré al Mono Gatica sentado, con los pies arriba de un escritorio y fumando un habano. “Nene, nunca hagas lo que hago yo”, me dijo. A él lo quería mucho el general Perón y por eso pudo ir a Estados Unidos y conseguir una pelea con el campeón del Mundo. Recibió una paliza y al pobre lo noquearon en el primer round. Perón casi lo mata cuando volvió”. Tafito hacía mención a la incursión que hizo José María Gatica en el Madison Square Garden de Nueva York en 1951, cuando peleó con el gran Ike Williams. En ese combate el cinturón de campeón mundial no estaba en juego. No hacía falta. Tafito repasó: “Yo era pluma. Una vez peleé con Ubaldino López, que un mes antes había empatado con Alfredo Prada, campeón argentino. Tuve que subir de peso y le gané muy bien. Como la pelea había sido acá, en Mendoza, en las notas periodísticas me nombraron como Mustafá Tafito y en Buenos Aires me conocían como Sebastián Mustafá Asmar. Entonces El Gráfico dijo que López había perdido con un desconocido”. Su última pelea fue en el Luna Park. “Yo pesaba 58 y me hicieron bajar a 54 para pelear con el campeón argentino. No aguanté, estaba demasiado débil y perdí. Después me volví a Mendoza”. Mustafá Tafito tiene ahora 93, pero interiormente está viviendo otra vez sus 20 años. Es su último round. Al final de la pelea, le levantarán la diestra.

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