Lunes 19 de Abril de 2021

CLARIN EL GRAN DIARIO ARGENTINO

25 de noviembre de 2020

El Poeta, el Loco y la Negra: historia de los hermanos Bielsa

Rafael, Marcelo y María Eugenia. Tres nombres reconocidos, cada uno con una carrera particular. Cómo se formaron y cómo se llevan. La herencia intelectual y rebelde del abuelo, y el perfeccionismo y la exigencia de la madre.

Eduardo Paladini

Hermoso trabajo

de Eduardo Paladini

La historia de los Bielsa “famosos” arrancó en Santa Fe, a fines del siglo XIX, en la ciudad de Esperanza. Y estuvo marcada por un hombre y un nombre: Rafael. A secas. El abuelo. Un reconocido abogado y jurista, recordado aún hoy como una eminencia en el Derecho Administrativo.

Luego llegarían el padre, Rafael Pedro. El tío, Marcial Rafael. Y él, Rafael Antonio, el hijo mayor (67 años). Que con sus hermanos -ya no “rafaeles”, sino Marcelo Alberto (65) y María Eugenia (62), ya no abogados, sino futbolista/DT y arquitecta-, llevarían el apellido a otra dimensión.

Herméticos, de carácter fuerte, perfeccionistas, destacados los tres en sus carreras, cada uno fue construyendo su propio recorrido. En distintos lugares del país y del mundo. Pero alimentando también una historia en común. La historia de los hermanos Bielsa. Un clan público que recela de su intimidad.

En base a testimonios de sus círculos más cercanos y de sus biografías públicas, Clarín se metió en ese mundo particular e íntimo.

 

Abuelo intelectual, madre exigente

El abuelo Bielsa tenía un rasgo de rebeldía y esa es quizá, una parte de la herencia más clara en sus tres nietos más conocidos. Nacido en 1889, su padre lo envió a Buenos Aires para que se especialice en el tallado de muebles de estilo.

Rafael a secas decidió para su vida otro camino y se inclinó por estudiar Derecho. Mal no le fue: hay colegios y calles con su nombre, en su Esperanza natal, en Rosario y en la Ciudad de Buenos Aires. También fue designado profesor honorario de La Sorbona de París.

Familia Bielsa

Sus nietos lo recuerdan, además, por su manejo de la oratoria y una descomunal biblioteca en la casa ubicada cerca del Parque de la Independencia, a metros del lugar donde se construirían los tribunales provinciales de Justicia.

La influencia intelectual del abuelo Rafael se trasladó a sus nietos, aunque a juzgar por la palabra de los tres hermanos y de quienes los conocieron desde chicos, luego sería la madre la que moldearía su personalidad.

“Es una historia matriarcal. Ellos se criaron a semejanza de la madre. Cuando falleció ella, hace unos años, fue un golpazo”, le cuenta a Clarín un amigo de la familia. Lidia Caldera, la madre, era una docente cordobesa. Muy religiosa y con dos principios básicos: “En lo que hagas, tenés que ser el mejor” y “rechazá todo aquello que no se obtenga con sacrificio”.

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